sábado, 4 de junio de 2011

La vida secreta de los gatos ¿ Adónde va cuando lo perdemos de vista ?

¿Qué hace nuestro gato cuando sale de casa y no aparece en todo el día? ¿Adónde va cuando lo perdemos de vista? Investigadores de la Universidad de Illinois (EE.UU.) han seguido los pasos de 42 gatos adultos, algunos de ellos domésticos y otros callejeros, durante dos años para conocer cada uno de sus movimientos. Su vida cotidiana puede ser sorprendente. Las mascotas no se van muy lejos, se pasean por un territorio de unas dos hectáreas cerca de casa, pero los asilvestrados pueden tener un impresionante reino de más de 500. Los animales seguidos en el estudio cruzaron calles y aparcamientos, merodearon por jardines y bosques e incluso atravesaron un campo de béisbol en pleno partido.
Los investigadores equiparon a los gatos con collares que escondían un sofisticado equipo de radio para poder realizar el seguimiento a través de las calles de Champaign y Urbana, ciudades vecinas en el centro de Illinois, en un territorio de 2.544 hectáreas. De los transmisores de radio utilizados en el estudio, 23 tenían sensores de vibración que permitían conocer cada movimiento de los felinos que los portaban. Sin estos sensores, hubiera sido necesario que diez o doce investigadores persiguieran a los gatos para recoger los datos.
Como era de esperar, en la mayoría de los casos, los gatos sin dueño se desplazaban por territorios más amplios que los gatos domésticos, y fueron más activos durante todo el año. Pero el tamaño del área de ronda de los callejeros sorprendió incluso a los investigadores. Uno de ellos, un varón de raza mixta, se desplazaba por una gigantesca zona de 547 hectáreas.
Como la mayoría de los gatos asilvestrados, este «llanero solitario» se movía por sitios urbanos y rurales, desde los jardines urbanos a los campos agrícolas y los bosques. «Que sepamos, ese gato en particular no obtenía alimentos de los seres humanos, pero de alguna manera sobrevivió por ahí en medio de los coyotes y zorros», afirma Jeff Horn, responsable de estudio. «Se cruzó todas las calles de su zona, semáforos y aparcamientos. Lo encontramos haciendo una madriguera durante un pequeño campo de béisbol durante un partido».

Los domésticos, más precavidos

Los gatos domésticos tuvieron un comportamiento mucho más precavido. La mayoría se daba paseos más cortos y tendía a quedarse cerca de casa. Su zona de recreo no llegaba a las dos hectáreas. «Sin embargo, algunos de los dueños se quedaron muy sorprendidos al saber que sus gatos se van tan lejos», señala Horn. «Eso es un montón de patios traseros».
No es un mal recorrido si se tiene en cuenta que los gatos domésticos pasan dormidos o con una actividad muy baja el 97% de su tiempo. Bastante vagos, solo dedicaron el 3% restante a actividades muy enérgicas, como correr o acechar a sus presas, mientras que los gatos sin dueño, porque tienen que buscarse la vida y alimentarse, se mantuvieron muy activos el 14% del tiempo. Su actividad fue especialmente notoria en invierno, cuando su cuerpo necesita más energía calórica para sobrevivir.
La mayoría de los gatos del estudio, incluso los salvajes, se mantuvo dentro de unos 300 metros en las cercanías de construcciones humanas. «Eso demuestra que a pesar de que estén asilvestrados, todavía tienen un nivel de dependencia de nosotros», afirma Nohra Mateus-Pinilla, experta en vida salvaje.

Peleas y enfermedades

Pero la vida conjunta entre gatos salvajes y domésticos no es fácil, y se producen conflictos entre ellos, incluido el intento de expulsión de una mascota de su propio patio trasero. De hecho, los investigadores saben que una de las principales causas de muerte gatuna son, precisamente y además de las enfermedades, otros colegas con bigotes.
Los gatos también pueden contraer enfermedades de los gatos silvestres, llevárselas a casa e incluso infectar a sus dueños. El parásito Toxoplasma gondii, que puede causar problemas neurológicos, reproductivos y respiratorios incluso en los humanos, es uno de los principales problemas, además de la rabia, la fiebre por arañazo de gato, la leucemia felina y el virus de la inmunodeficiencia felina. La vacunación de gatos domésticos reduce el peligro, pero no elimina la amenaza de transmisión de enfermedades.

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