sábado, 18 de junio de 2011

PRESUNTO CULPABLE

Dicen que la mejor terapia para una mujer deprimida es ir de compras (y da resultado); por eso Marta decidió invitar para salir de compras a su amiga Esther, la cual se hallaba sumida en una profunda depresión producto de la violación de la que fue objeto hacia escasamente un mes en Madrid. Esther vivía con el miedo en el cuerpo, había denunciado la agresión pero no se pudo hallar pista alguna que condujera a la detención del violador, y ella constantemente temía que se volviera a repetir la agresión.

Decidieron ir a unos Grandes Almacenes de la capital (por todos conocidos), y paseando entre planta y planta, mirando las ofertas, Esther comenzó a animarse, incluso sonrió en varias ocasiones; Marta estaba animada pues la terapia parecía ser todo un éxito.
Se detuvieron en la planta de electrónica a mirar las ofertas y fue entonces cuando Esther comenzó a ponerse blanca, pálida, sin aire, los ojos agrandados y una mirada de miedo y dolor digna de una película de terror; Marta la abraza, le pregunta que le pasa y Esther, con voz temblorosa, señalando con la mano le dice: -Ese hombre me violó, es el!
Marta miro hacia donde señala Esther y ve un hombre de unos 45 años, bien vestido que estaba hablando con otras personas, luego se percató que era un vendedor de la sección electrónica de los Grandes Almacenes.
El hombre no se dio cuenta que le habían reconocido y seguía con su trabajo, decidieron salir a la calle a avisar a la policía ya que era lógico que el violador continuara trabajando.
Ya en la calle se acercaron a uno de los coches patrulla que siempre rodean los Grandes Almacenes, les informaron de la situación, estos llamaron a 4 coches más y todos, incluidas Esther y Marta, subieron a la quinta planta; la gente no podía creer lo que estaba viendo, 8 policías subiendo por la escaleras mecánicas acompañados de 2 señoritas, parecía una película y al no observar peligro inmediato detrás de ellos iban todos los clientes dejando planta tras planta vacía a su paso hasta la quinta; al llegar Esther reuniendo fuerza exclama: ESE ES!
Los policías, teniendo en cuenta la clase de delito y la violencia del mismo, se abalanzaron sobre el (que en ese momento estaba con un mando a distancia haciendo una demostración), lo tiraron al suelo, le esposaron y le condujeron, nuevamente por las escaleras mecánicas, hasta la salida con todo un tumulto de gente detrás haciendo fotos como si de una atracción de feria se tratara.
Una vez en la calle, lo llevaron a Comisaria, en otro coche iban Marta y Esther a ratificarla denuncia. Una vez allí, el delincuente al ser informado de los delitos de que se le acusaba se puso histérico, negando el hecho y gritando su inocencia (lo cual es normal, todos son inocentes).
Incluso alguno de los inspectores del caso comentaba satisfecho que ya lo habían marcado porque hasta la fecha no tenia antecedentes, ahora le sería más difícil pasar desapercibido; le ficharon, le hicieron las fotos de rigor así como la toma de huellas, lo pasaron al médico y lo metieron en un calabozo comunitario a la espera de las instrucciones del Juez de Guardia.
Enrique, así se llamaba el violador, estaba mareado, fuera de la realidad, no podía creer lo que le estaba pasando, al entrar en el Calabozo donde había más de 15 detenidos con aspectos variopintos pensó que, por estar en su misma situación, estaba entre “amigos”; lo primero que le pidieron fue tabaco (le vaciaron la cajetilla en 2 segundos), algunos miraban su traje con ganas de ponérselo hasta que uno le pregunta el motivo de su detención; Enrique explica que se debe a un error, que le acusan de violación. Ni bien termino de hablar le cayó encima una lluvia de patadas, golpes, escupitajos e insultos que solo duro 15 minutos pero le pareció una eternidad; cuando llegaron los celadores alarmados por el escándalo tenía tres costillas rotas así como la nariz, tres dientes por el suelo y abundantes heridas. Inmediatamente le trasladaron al Medico y a una celda en solitario, castigado.
Mientras tanto la vida continuaba en el exterior, debido a lo llamativo de la detención, la noticia había salido en los telediarios, con numerosas fotos de Enrique tomadas por clientes del establecimiento; su esposa estaba viendo las noticias y no podía creerlo, iba a coger el teléfono y le llaman a la puerta, era la policía con una orden de registro; detrás de ellos todos los vecinos del edificio gritando e insultándola, era horroroso.
La policía confisca los ordenadores, busca pruebas forenses, interrogan a sus dos hijas que no paraban de llorar, someten al tercer grado a la esposa sobre los hábitos de su marido; escuchan la rotura de un cristal, los vecinos están lanzando piedras a sus ventanas desde la calle.
Cuando la policía se retira, dejando a la familia atemorizada por la actitud de los vecinos, le recomiendan (como solución) que no abra la puerta a nadie hasta que se calmen. Al paso de la policía, algunos vecinos decían que ya se veía venir, que era un hombre muy estirado, que lo sospechaban., etc.
Mientras tanto en Jefatura, Enrique había podido hablar (a pesar de tener la boca destrozada por los golpes) con el abogado quien había pedido una rueda de reconocimiento (algo típico en estos casos).
Reunieron a cinco detenidos más similares físicamente a Enrique y los pusieron en rueda de reconocimiento para que Esther pudiera ratificar su identificación y continuar el proceso.
Una vez más, esta vez a través del espejo, Esther se puso pálida, sofocada, y confirmo que el violador era el número TRES sin ningún género de dudas; tanto los inspectores como el Abogado, incluso la misma Marta, estaban sorprendidos, Enrique era el número CINCO, además no se parecían en nada el TRES y el CINCO. Le insistieron y ella siguió en sus trece, era el TRES.
Al cabo de unos minutos de desconcierto llega un inspector con el archivo del caso de la violación de Esther, entre las pruebas recogidas en su día había una muestra de semen del violador lo cual aclararía finalmente las cosas a través del ADN.
Tras un análisis urgente comprueban que efectivamente, la muestra corresponde con el número TRES y Enrique es inocente, fue una confusión y nada tiene que ver.
Al número TRES lo llevan a una celda en solitario (no sea que lo ataquen como a Enrique), le ponen la cena mientras llega el psicólogo para iniciar su examen. Mientras tanto dejan en libertada a Enrique en la puerta de Jefatura, herido, con las ropas llenas de sangre y acompañado de su abogado el cual le reclama 4.000 euros por haberle sacado en libertad sin fianza. Coge un taxi para ir a su casa, aun había vecinos por la calle comentando los sucesos, cuando le ven no se lo pueden creer, comienzan a insultarle y a tirarle piedras, corre hacia su piso, no puede abrir con su llave porque esta puesto el pasador, llama al timbre, su esposa reconoce su voz, le golpean por la espalda mientras intenta entrar, la esposa no le abre la puerta, lo insulta y quiere el divorcio. Finalmente abre la puerta pero no para dejarle entrar sino para agredirlo uniéndose a los vecinos.
Finalmente, Enrique como puede huye a casa de su padres, entra con su juego de llaves, esta todo oscuro, enciende la luz y ve a sus padres llorando el salón sin luz, su madre le mira a los ojos y le pregunta: ¿Por qué hijo mío, por qué?
Al dia siguiente va a presentar la baja en el trabajo y le comunican que esta despedido, explica su inocencia pero la Dirección considera que una persona así no puede representarla ante sus clientes; el abogado le envía un telegrama reclamándole el pago de los Honorarios, la esposa le envía la demanda de divorcio y adjunta un escrito para retirarle la patria potestad.
Esther, totalmente recuperada al haber encontrado al culpable, va nuevamente de compras con Marta, en los grandes almacenes son conocidas ya como heroínas y les atienden muy bien, incluso clientes del día anterior las saludan.
En la prensa, editada la noche anterior, aun sale la foto de Enrique aunque la noticia se refiera ya al verdadero violador.
Una vida destrozada, nadie le pide ni siquiera disculpas.
Que opinas de esta situación?
Esther debería ser imputada por algo?
La policía actuó correctamente?
Era necesario proceder así? Debería compensarse a Enrique el mal trago? Cómo?

3 comentarios:

Carlos Castro Arias dijo...

El mundo esta loco, pero muy loco.

Conde de Montecristo dijo...

!! POBRE HOMBRE !!.... Si que es injusta la sociedad.

Una Patagónica dijo...

El mundo está fuera de control (tanto sus habitantes como el hábitat). La mujer con su inestabilidad confundió al agresor, la policía, no debió colocarlo con presos comunes y estar más atentos al desorden y posterior ataque, previamente deberían haber permitido la presencia del abogado defensor; los medios de comunicación deben ser más prudentes y enmendar de inmediato el error de identidades; el vecindario vive tantas situaciones de stress que explota sin pensar en los antecedentes de su buen vecino. Los damnificados son El Hombre y su Familia. El Comercio no puede despedirlo porque se comprobó su inocencia, debería indemnizarlo. LA SOCIEDAD ESTÁ ENFERMA. ¡Un sociólogo por favor!


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